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La desilusión

Ese día se presentaba como otro cualquiera. Pero date colilla. Conforme el día iba avanzando, la cosa se ponía más chunga. Todo empezó al salir de clase, cuando nos juntamos todos los amigos a enjuagarnos para empezar con buen pie el fin de semana. Era jueves, pero daba igual. Cualquier motivo era bueno para juntarnos. Como era costumbre empezamos con unas birras, unas tapas y la cosa se alargó de tal manera, que cuando quisimos darnos cuenta, estábamos tomando ya cubalibres. Como es normal, los temas de los que hablamos fueron muchos y muy dispares, pero la cosa se fue desviando hacía las chicas. Yo, tengo que reconocerlo, las chicas por aquella época no eran un problema, ni por supuesto era mi ambición ligar o intentarlo con ninguna, porque consideraba que me faltaban muchas cosas que hacer con los amigos que aún no había hecho, y las mujeres podían llegar a ser un impedimento para hacerlas. Eso no quiere decir que no tuviéramos amigas en la pandilla, que sí las había, y por supuesto había un par de chicas que me hacían tilín, pero no consideraba prioritario una relación.

            Como iba diciendo, la cosa se fue calentando en nuestra reunión cada vez que bebíamos más, y las chicas tomaban más protagonismo. Fue J (llamémoslo así) el que traiciono a la pandilla, al decirnos que estaba liado con una de las colegas del grupo. Lo que nos enojó no fue la relación en sí, sino que lo había llevado en secreto y había jugado con nuestra relación, ya que el siempre decía que nunca se liaría con tal chica, ya que sabía que ésta le gustaba a uno del grupo. Lo dijo sin más, como el que se toma una birra sin rechistar. Y como es normal en estos casos, todo el mundo empezó a aconsejarle, a decirle el feo que había hecho, bla, bla, bla.

            La naturaleza humana es muy simplona. Cuando alguien hace algo que los demás no se atreven, los humanos somos muy dados a dar consejos, a decir lo bueno y lo malo de la decisión, sin pararnos a pensar que no somos nadie para aconsejar, y que normalmente damos por sentado que el sujeto no tiene capacidad para sacar sus propias conclusiones y por supuesto menos todavía de tomar sus propias decisiones, ya sean malas o buenas, ya que los que aconsejan, siempre quieren llevar razón. El se defendía diciendo que le gustaba, pero también aclaró que sabía que había uno del grupo que también le gustaba, y en definitiva, jugaba con ventaja, porque a ese chico lo conocía bien, y sabía que no le iba a gustar la decisión y qué también sabía que lo entendería, pero de todas maneras se arriesgaría a decírnoslo como lo había hecho.

            Me quede de piedra, lo primero por su valentía y lo segundo porque realmente lo entendí. El tenía lo que a mí me faltaba, el valor necesario para decidir entre las amistades y el amor que sentía por una chica. En aquél momento lo maldije por la desilusión que me lleve, pero luego al cabo del tiempo y  viendo lo feliz que es al lado de la chavala, me sentí muy orgulloso de que fuera mi amigo, y por supuesto su mujer también, e incluso más que él, por esa complicidad que suele haber entre dos personas que saben lo que sienten, pero que les falta el valor necesario para lanzarse a la piscina. También al cabo del tiempo y analizando la cosa, llegue a dos conclusiones:

            1ª.-  que la gente es muy buena dando consejos

2ª.-  que eres más feliz si haces  totalmente lo contrario de lo que te aconsejan, porque seguro que será lo correcto.

Piénsenlo, ya que es una verdad como un templo. Como veis, todo el mundo tiene un lado oscuro. Salu2.

27/11/2009 18:23 Alecto Enlace permanente. Personal No hay comentarios. Comentar.

La acampada desgraciada

La llegada del viernes siempre era un motivo de satisfacción y alegría, ya que me permitía entrever el magnífico fin de semana con los colegas. Pero ese era muy especial, porque por primera vez en mi vida, iba de acampada. Si como lo oyen, con 19 años, cogí las artes que me habían prestado, y ese mismo día por la tarde nos fuimos a una sierra muy próxima que hay cerca del pueblo. La ilusión era desbordante, todo un fin de semana con los colegas, sin ver a tus viejos, y abandonando por unos días el pueblo que estaba ya llegando a ser monótono en casi todos los aspectos. Lo que nunca imaginamos, es que ese fin de semana se iba a convertir en un valle de lágrimas y de desgracias. La carretera de acceso a la sierra se las traía, no se quitaba mérito en ser catalogada por ser una de las peores que había en la provincia, cosa que ya de por sí ésta provincia tenía, porque la mayoría de ellas estaban en un estado tan lamentable, que las cañadas reales estaban mejor cuidadas. Bueno, críticas a parte, llegamos pasadas las 17H, porque ya se sabe, nos paramos a enjuagarnos en casi todos los bares habidos y por haber, ya que antes y por aquellas fechas, no había ni puntos, ni pruebas de alcohol, ni por supuesto tantos guardias civiles como hay ahora. Llegamos al sitio elegido, y empezamos con la tarea de montar la tienda, colocar las viandas y sobretodo, colocar la bebida que nos habíamos llevado a gogó para pasar el finde sin pasar mucha sed ni necesidad. Una vez tuvimos todo colocado y en condiciones, nos preparamos el hornillo y empezamos a echar carne para que se fuera haciendo, y por supuesto apagábamos la sed con unas birras bien frescas. Como se pueden imaginar, nos acostamos como cubas, es decir, borrachos. Al día siguiente nos levantamos con un impresionante dolor de cabeza, pero la ilusión de disfrutar de nuestro fin de semana era más fuerte. Desayunamos, tomamos café y nos aventuramos a recorrer la sierra para disfrutar y aprovechar el día antes de preparar otra magnífica chuletada en nuestro hornillo particular. La primera desgracia no tardó en llegar. Íbamos andando por un sendero, cuando uno de los colegas tropezó con una piedra y se torció el tobillo. Hasta todo bien. No le dimos más importancia que la que tenía, el siguió andando, y seguimos disfrutando del paisaje. Lo peor vino después. De regreso ya al campamento, nos pusimos a preparar el papeo con unas buenas birras. Al rato, el colega que tropezó, empezó a no poder andar en condiciones. Alarmado vio como el tobillo se le empezaba a poner morado. Nos quedamos un poco trabucados, porque no sabíamos a que podía ser debido, aunque nos podíamos imaginar de que era. Decidimos comer y después dormir un poco la mona porque las birras tienen eso, están muy buenas pero crean cierta somnolencia, y más cuando bebes mucha. Por otra parte, íbamos observando que el cielo se iba tornando de color gris, tirando a negro, con lo que las expectativas de disfrutar de una buena noche eran cada vez peores. Justo, a las 2H empezó a chispear y luego a llover con ganas, nada peligroso, pero sí lo suficiente para jodernos el día. Para rematar el día, otro colega empezó a sentirse mal, y de pronto vomitó y además tuvo que salir de la tienda a hacer sus necesidades porque se lo hacía encima, el desgraciao. Menudo panorama, de los 4 que íbamos, 2 estaban jodidos, y los otros 2, haciendo de mayordomos para cuidar de ellos, preparar papeo y para recogerlo todo. El fin de semana que se preveía fantástico, en unas pocas horas se convirtió en un drama, y no sólo eso, sino que cada vez parecía que iba a peor, con lo que decidimos recoger los bártulos cuando parara de llover y largarnos a nuestra vida. Pero llovía,  se nos hizo de noche otra vez, con lo que tuvimos que posponer la recogida para el día siguiente, pero mientras las diarreas y vómitos de uno, y el pie hecho polvo del otro, nos quitaron las ganas incluso hasta de beber birra, con lo que nos atrincheramos a dormir temprano. El domingo no amaneció mucho mejor. El pie de mi amigo estaba cada vez más negro, el otro estaba cada vez más pálido, y a mí me estaba empezando a doler la espalda, un síntoma claro de que el fin de semana no podía haber sido peor. En una tregua que nos dio la lluvia, recogimos la tienda, los bártulos los echamos al coche como pudimos, nosotros nos montamos también como pudimos y nos largamos de ese infierno que supuso para nosotros el fin de semana más trágico en mucho tiempo. Cuando llegamos al pueblo, nos fuimos cada uno a su casa, y quedamos en vernos lo antes posible. Pero date carrete. Yo estuve una semana en cama sin poder moverme con enfriamiento muscular, el del vómito, se tiró otro par de días chungo y sin tomar nada que no fuera líquido, el del tobillo se tiró 20 días hasta que pudo otra vez andar,  y el único que se escapó se tiro colocando cosas todo un día. Patético. Con el paso del tiempo y recordando aquel fin de semana de Mayo, sólo puedo echarme a reír por lo que pasó y dar gracias al cielo porque la lluvia no nos hizo más daño y más destrozos, porque si llega a llover más, la cosa a lo mejor hubiera tomado otro color. Así que sólo queda recordar y mearse por la situación de estar jodidos durante algunos días a cambio de que la Naturaleza nos perdonara. Como veis, todo el mundo tiene un lado oscuro. Salu2.

20/11/2009 11:42 Alecto Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

La amistad

Una de las cosas que siempre he echado de menos en mi persona, es ser atractivo. Nunca lo he sido y nunca lo seré, y eso es algo que tengo que vivir con ello hasta el resto de mis días. Lo preocupante no es ser atractivo, lo realmente preocupante es que los/as demás te vean así. Y eso es lo que me ha pasado a lo largo de mi vida. El ser atractivo tiene como todo sus inconvenientes: las/os chicos/as te molestan, cuando estás con alguno/a se tiran al farol y te utilizan como objeto, es decir, te muestran como una marioneta y una conquista, tienes que demostrar cosas que no eres y sobre todo aparentar delante de un mogollón de peña. Los que somos poco atractivos, no tenemos que demostrar nada, o por lo menos yo nunca lo he hecho. Pero como todo en la vida, la naturaleza es sabia y me ha dotado de alguna cosa que a lo mejor mucha gente atractiva no tiene, y es sentido del humor y ser amigos de mis amigos, es decir, de los pocos amigos que uno puede tener en la vida, porque realmente la amistad se basa en la confianza y en el respeto, cosas que en los tiempos que corren me parece algo extraño. Además añadiría otra base para la amistad, el ser constantes. Claro, tú puedes tener buenos amigos, pero por circunstancias de la vida te mudas de ciudad, y entonces vas perdiendo el contacto con esas personas que creías que eran tus amigos cuando los veías y ahora el tiempo ha distanciado y olvidado. Por eso la amistad es otra cosa mucho más compleja, que sólo algún entendido en la materia gris debería de analizar con mucho cuidado y en profundidad. Todo esto viene a cuento, porque tenía un amigo, o yo creía que lo tenía, que me dejó de hablar por el simple hecho de no hacer algo que él quería o consideraba que tenía que hacer. Eran otros tiempos, y nuestra amistad se basaba en ser respetuosos y tener mucha confianza. Y era así, y además había una diferencia más: el era y es más atractivo que yo, y de eso empecé darme cuenta el mismo día que salimos de fiesta y él se lío con una chica, y yo me pasé el rato jugando a las maquinitas de antes, las denominadas ARCADE de toda la vida. Nunca me pareció mal, ni me molesto, simplemente él tenía ese don y yo no. Las chicas conmigo se l pasaban bien, pero sólo hablando y divirtiéndonos, pero jamás me pegue un achuchón con ninguna, y ahora pensando a lo mejor sería que me faltaba un poco más de valentía. Da igual. El caso es que me daba lo mismo. Con el paso del tiempo nos distanciamos, el se fue fuera a vivir, yo tomé casi los mismos derroteros, hasta que llegó el día en que me llamo  me dijo que se casaba y que me invitaba a la boda. El tiempo fue pasando hasta que quedo un par de semanas. Ese día las casualidades de la vida, estaba de guardia en la empresa donde trabajaba, y encima para más desgracia acababa de terminar las vacaciones y mis compañeros las empezaban. Ni corto ni perezoso, lo llame para explicarle la situación, y también para que no pagará el cubierto. La respuesta me dejó perplejo: “eso casi ya me lo esperaba”. No supe que decir, lo único que pensé fue que le fuera bien y que se divirtiera con los demás amigos. Supe desde aquel momento que había perdido para siempre a este amigo, y el tiempo me lo ha ido confirmando, aunque siempre que he visto a algún familiar suyo le he preguntado cómo le iba y por ellos me enteré que había sido padre por segunda vez. Me dieron su teléfono, lo llame, pero en cuanto supo que era yo, colgaba. Una pena, porque esa palabra llamada “amistad” se te puede volver en tu contra y llegar a odiarla, como yo llegue a odiar la incomprensión de mi “amigo”. Sé donde vive, y a lo mejor cualquier día me llegaré a verlo, lo que yo no sé es su reacción. Lo que se demuestra también, que nunca llegas a conocer bien a las personas. Sin embargo su amistad me la paso ya por el arco del triunfo, aunque eso no quita que si alguna vez lo veo, lo salude, no por nada, sino porque fui y soy amigo de mis amigos. Como veis, todo el mundo tiene un lado oscuro. Salu2.

13/11/2009 11:37 Alecto Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Las fiestas

Las fiestas empezaron como todos los años un magnífico día de finales de Agosto. Los amigos estábamos muy ilusionados, porque eran días de alegría, borracheras, de casi no dormir y de disfrutar a tope. Todo el año esperando este acontecimiento para estar 18H con los amigos. Parece increíble, pero es así. El tiempo transcurría como casi siempre que te lo pasas bien, volando y sin darte cuenta. Pero cuando estás sufriendo y pasándolo mal, el tiempo parece que se pone en contra tuya y no corre absolutamente nada. Ese día en que comenzaron las fiestas, hicimos como casi todos los años, enjuagarnos, o lo que es lo mismo, beber quintos de cerveza y ponernos guapos de todo tipo de tapas. El del bar era amigo nuestro y particularmente mío, ya que había estudiado conmigo en el mismo colegio y vivía 2 manzanas más debajo de mi casa. La cosa surgió como casi todas estas cosas salen, sin pensarlo, y conforme íbamos llenando la mesa de botellas y de platos vacíos, veíamos que la factura subía considerablemente de precio. Ninguno parecía darle importancia al tema de pagar esa increíble púa que se estaba generando. Y pasó. El bar estaba a tope, y la terraza más aún. Parecía que la gente había ahorrado dinero durante todo el año para poder gastarlo en este primer día de fiestas. Mi amigo y dueño del bar, no paraba. Sudaba como un chino, y los camareros que contrató para esos días no daban a vasto en atender a tanta gente. Daba igual que fuésemos los parroquianos de toda la vida, o la gente que había venido a pasar y a disfrutar unos días o unas horas a las fiestas, y concretamente al bar de mi amigo. Íbamos casi todos los amigos, en total 8, pero las botellas que habían vacías encima de la mesa daban a entender que éramos más, porque cada uno, nos bebimos por los menos 6 quintos por cabeza. Del pueblo sólo éramos 4 y el resto eran amigos de Madrid que venían a pasar las vacaciones de Agosto junto con sus padres, porque ellos eran del pueblo. Nos levantamos, y salimos sin más, sin pagar y sin despedirnos del colega del bar. Me sentí un tanto extraño, porque al parecer nadie se dio cuenta, o si se dieron, lo disimularon muy bien, que habíamos salido del bar sin pasar por caja. No quise decir nada por no parecer el “leyes” del grupo, pero por otro lado, se me quedo un mal sabor de boca porque el que estaba detrás de la barra era amigo, vecino y el que de vez en cuando nos invitaba a unos quintos por el morro, sólo por el simple hecho de ir hacerle una visita cuando el bar estaba casi vacío. Conforme iba pasando el tiempo, esa sensación de haber traicionado a un amigo se me hacía cada vez más grande en el estomago, pero lo que más me fastidiaba era que los amigos del pueblo, -ya que los otros eran amigos, pero sólo estaban de paso- no le dieran importancia al detalle. Nos separamos para ir a comer a casa y quedamos en vernos para tomar café en el garito de siempre. Cuando nos encontramos, 2 de ellos ya estaban allí, y cuando pedí mi consumición me acerque a ellos y le comenté lo que había pasado en el bar. Ellos me miraron sorprendidos, y me dijeron que lo olvidara, porque seguramente el dueño del bar había ganado mucha pasta ese día, y que unos cuantos quintos no deberían de afectarle en la economía diaria. Lo pensé y llegué a la conclusión de que podía ser verdad. Pero mi sensación era otra, y  me carcomía por dentro, y con las mismas me levanté y me despedí de ellos, porque no quería entrar en conflictos morales que seguramente ellos nunca entenderían. Me acerque al bar, vi a mi amigo cansado y destrozado, sentado en un taburete comiendo, preparándose para la noche y los demás días que le esperaban, días duros, con mucho trabajo, para poder ganar un duro. Y yo estaba allí, viéndolo mientras pensaba que como fui capaz de consentir ese acto tan vil y tan malicioso. Entonces me di cuenta y lo vi claro, puse por delante la “amistad” de mis amigos a mis principios más básicos, pero no me di cuenta hasta ese momento, que en la vida hay cosas que son innegociables y que no tienen precio ni se pueden colocar por delante de nada. Ahí empecé  a tener conciencia de mi moral y de mi forma de actuar en ciertas cosas que en mi vida se me pudieran plantear y decidí ser con los amigos de lo más legal. Pero sólo con los amigos, es decir, los de verdad. Hasta ahora no me he arrepentido, de lo que hice después, que fue aclarar las cuentas con mi amigo mientras descansaba y comía, e irme a casa para poder descansar para seguir de fiesta con los conocidos. Y las fiestas se me pasaron volando.  Como veis, todo el mundo tiene un lado oscuro. Salu2.

02/11/2009 11:37 Alecto Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

La cerbatana

Era un domingo cualquiera por la mañana. Como siempre y desde que hiciéramos la 1ª comunión, el párroco nos obligaba a ir a misa para poder cumplir con tus obligaciones religiosas, como no podía ser de otra manera en aquellos tiempos olvidados y lejanos. Pero ese domingo era diferente. La habíamos planeado, y nos preparamos con nuestras armas secretas. Unas armas que son fácilmente de coger y de usar. Es el mecanismo un chupete, así de simple, y lo más guay, fáciles de transportar. Entramos al templo, nos santiguamos y nos sentamos en la penúltima fila de la iglesia. Ese fue el error, y dentro de nuestro plan no contamos con ese pequeño detalle. Si nos hubiéramos sentado 1m más para atrás, o lo que es lo mismo, en la última fila, ese domingo podía haber sido de los mejores de nuestra vida. Pero no fue así. Íbamos bien vestidos, con la ropa de los domingos, como era obligatorio y natural. Cuando el acto religioso había comenzado, y ya llevábamos un rato aguantando las chorradas de siempre por parte de esa persona vestida de negro y una capa blanca colocada por encima, le di a mi buen amigo la señal. Un codazo en el costado no muy fuerte, casi con delicadeza, lo justo para que se espabilará de su somnolencia producida por la verborrea de ese personaje subida en el púlpito. Preparamos las armas, preparamos el proyectil, bien mojado, el grosor justo para que entrará por nuestra arma, la misma que unos minutos más tarde nos llevaría a la mayor regañina de nuestra vida en público, y por consiguiente, a los azotes de tus correspondientes. Porque ya se sabe lo que antes pasaba, si un profesor te pegaba una bofetada, tú padre te pegaba dos y más fuerte incluso, y por aquella época era lo que valía, y no tanta ley del profesor, y tanta falta de respeto como hay ahora. Cuando teníamos preparado el arma, apuntamos a nuestro objetivo. Ahí estaba, quieto, parado, a una altura que nos parecía la idónea para que nosotros acertáramos y lo pasáramos bien, mientras para los demás pasara todo desapercibido. Como siempre hay alguien que en estos sitios se aburre y se puede dar cuenta de lo que está ocurriendo, pero ya contábamos con eso, con lo que si sucedía y nos dábamos cuenta, nuestro ego se subiría por las paredes como una araña. Y llego el momento, disparamos. Cómo estábamos un poco lejos, llegamos a discernir que un proyectil lanzado con nuestra arma se había quedado pegado en la barba, y el otro en el tórax. Nos miramos y nos reímos de nuestra puntería. Seguimos disparando varias veces, con mayor o menor grado de acierto. Hasta que llegó el momento. El sacristán se percató de nuestro ataque, y él ni corto ni perezoso nos tocó el hombro por detrás, y claro, nuestro susto fue monumental. La misa estaba tocando a su fin, y más de uno se percató de ese sobresalto. Se tuvo que oír el movimiento, porque muchas cabezas giraron para ver lo que pasaba. El cura, termino la misa, y nos hizo levantar a los tres, al sacristán, a mi amigo del alma y a mí. El sacristán contó como habíamos puesto al Cristo crucificado con los disparos, cosa que sorprendió mucho al párroco, porque no se había coscado de ese ataque a su Cristo favorito. Su mano derecha, el sacristán, nos despojo de nuestras armas y munición, un simple bolígrafo BIC de toda la vida, que con cierto ajuste y desmontajes, convertimos en nuestra cerbatana particular. También nos requisó nuestra munición, unos trozos de papel que llevábamos como futuros proyectiles. No fue en sí lo que nos dijo el cura, lo que más nos dolió fue que nuestros coleguillas se rieran de nosotros cuando el párroco nos puso en evidencia. Y claro, el castigo monumental de tu padre. A partir de ese momento, personalmente perdí todo el interés por las cerbatanas, y como no, todo lo relacionado con la iglesia y todo lo que lleva a su alrededor. No es que fuera algo traumático, porque a lo largo de la vida he hecho cosas un poco peores, pero que se rieran de mí por algo tan inofensivo, me dio mucho que pensar sobre mi situación, y llegue a la conclusión que no quería saber nada de estos tíos vestidos de negro y su abominable institución. Mi amigo, pensó e hizo casi lo mismo que yo. Con el tiempo todo se olvido, como también se olvido el rezar y el orar a algo que no tiene sentido. Como veis, todo el mundo tiene un lado oscuro. Salu2.

28/10/2009 20:01 Alecto Enlace permanente. Personal No hay comentarios. Comentar.

Empiezo

No es fácil poner por escrito lo que uno piensa, o le ha sucedido o simplemente quiere expresar. Es un don con el que hay que nacer, y todo lo demás son intentos por hacerlo. Uno es bueno en lo que es, y lo intenta en todo lo demás. Y eso es lo que me pasa a mí con este blog que voy a empezar. Lo hago por el simple hecho de entretenerme y de desahogarme. Espero que lo entendais. Normalmente voy a escribir cosas relacionadas conmigo, pero como dijo alguien: "disfrutara no es hacer lo que se quiere, sino querer lo que se hace", y eso es una verdad como un templo. Tengo otro blog que podeis visitar a través del enlace correspondiente, donde veréis que escribo cosas de actualidad a mi manera y a modo de entender las cosas. No siempre tengo la esperanza de que me entendais ni que me entiendan, pero es lo que hay según mi perspectiva. Pero con este blog no va a se así. En este pretendo contar cosas más particulares pero como siempre, desde mi particular punto de vista. puede gustar, puede que no, pero es mi manera, y para criticar estan los comentarios que podeis incluir cuando os apetezca y como no, lo que querais. Pero sólo pido una condición: "QUE NO SE FALTE EL RESPETO A NADIE", me parece justo y esa va aser la premisa con la que seré juez de alguien que intente faltar el respeto a los demás, porque hay muchas maneras de opinar, pero NUNCA faltando el respeto. Me he propuesto escribir como mínimo yna vez a la semana, o lo que es lo mismo, actualizarlo, porque por suerte tengo trabajo y el tiempo es más bien escaso. Pero hay queda la promesa o el compromiso, y lo  cumpliré, estar seguros de eso. Sólo espero que me leais y que opineis y participeis en la medida que os sea posible, porque eso es realmente la finalidad de este blog. Lo dicho, os espero con muchas ganas. Salu2

26/10/2009 11:27 Alecto Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

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