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Mi lado oscuro

La amistad

Una de las cosas que siempre he echado de menos en mi persona, es ser atractivo. Nunca lo he sido y nunca lo seré, y eso es algo que tengo que vivir con ello hasta el resto de mis días. Lo preocupante no es ser atractivo, lo realmente preocupante es que los/as demás te vean así. Y eso es lo que me ha pasado a lo largo de mi vida. El ser atractivo tiene como todo sus inconvenientes: las/os chicos/as te molestan, cuando estás con alguno/a se tiran al farol y te utilizan como objeto, es decir, te muestran como una marioneta y una conquista, tienes que demostrar cosas que no eres y sobre todo aparentar delante de un mogollón de peña. Los que somos poco atractivos, no tenemos que demostrar nada, o por lo menos yo nunca lo he hecho. Pero como todo en la vida, la naturaleza es sabia y me ha dotado de alguna cosa que a lo mejor mucha gente atractiva no tiene, y es sentido del humor y ser amigos de mis amigos, es decir, de los pocos amigos que uno puede tener en la vida, porque realmente la amistad se basa en la confianza y en el respeto, cosas que en los tiempos que corren me parece algo extraño. Además añadiría otra base para la amistad, el ser constantes. Claro, tú puedes tener buenos amigos, pero por circunstancias de la vida te mudas de ciudad, y entonces vas perdiendo el contacto con esas personas que creías que eran tus amigos cuando los veías y ahora el tiempo ha distanciado y olvidado. Por eso la amistad es otra cosa mucho más compleja, que sólo algún entendido en la materia gris debería de analizar con mucho cuidado y en profundidad. Todo esto viene a cuento, porque tenía un amigo, o yo creía que lo tenía, que me dejó de hablar por el simple hecho de no hacer algo que él quería o consideraba que tenía que hacer. Eran otros tiempos, y nuestra amistad se basaba en ser respetuosos y tener mucha confianza. Y era así, y además había una diferencia más: el era y es más atractivo que yo, y de eso empecé darme cuenta el mismo día que salimos de fiesta y él se lío con una chica, y yo me pasé el rato jugando a las maquinitas de antes, las denominadas ARCADE de toda la vida. Nunca me pareció mal, ni me molesto, simplemente él tenía ese don y yo no. Las chicas conmigo se l pasaban bien, pero sólo hablando y divirtiéndonos, pero jamás me pegue un achuchón con ninguna, y ahora pensando a lo mejor sería que me faltaba un poco más de valentía. Da igual. El caso es que me daba lo mismo. Con el paso del tiempo nos distanciamos, el se fue fuera a vivir, yo tomé casi los mismos derroteros, hasta que llegó el día en que me llamo  me dijo que se casaba y que me invitaba a la boda. El tiempo fue pasando hasta que quedo un par de semanas. Ese día las casualidades de la vida, estaba de guardia en la empresa donde trabajaba, y encima para más desgracia acababa de terminar las vacaciones y mis compañeros las empezaban. Ni corto ni perezoso, lo llame para explicarle la situación, y también para que no pagará el cubierto. La respuesta me dejó perplejo: “eso casi ya me lo esperaba”. No supe que decir, lo único que pensé fue que le fuera bien y que se divirtiera con los demás amigos. Supe desde aquel momento que había perdido para siempre a este amigo, y el tiempo me lo ha ido confirmando, aunque siempre que he visto a algún familiar suyo le he preguntado cómo le iba y por ellos me enteré que había sido padre por segunda vez. Me dieron su teléfono, lo llame, pero en cuanto supo que era yo, colgaba. Una pena, porque esa palabra llamada “amistad” se te puede volver en tu contra y llegar a odiarla, como yo llegue a odiar la incomprensión de mi “amigo”. Sé donde vive, y a lo mejor cualquier día me llegaré a verlo, lo que yo no sé es su reacción. Lo que se demuestra también, que nunca llegas a conocer bien a las personas. Sin embargo su amistad me la paso ya por el arco del triunfo, aunque eso no quita que si alguna vez lo veo, lo salude, no por nada, sino porque fui y soy amigo de mis amigos. Como veis, todo el mundo tiene un lado oscuro. Salu2.

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